viernes, 25 de noviembre de 2011

Deslindando el deslinde de Las Salinas

Ante la insistencia por parte de Gabriel Amat y su equipo de gobierno municipal sobre el gran ahorro que supondría anular el deslinde de la zona marítimo terrestre de Las Salinas, más específicamente de “Los Bajos”, se hace necesario analizar detalladamente esta afirmación para pasar a desmontar la falacia sobre la que se apoya. Sobre la validez de este deslinde ya se han pronunciado numerosos colectivos, incidiendo en los valores naturales de este antiguo humedal y su zona anexa.

No por nada la toponimia original de este entorno es denominado como “La Charca” y “El Bosque”, como puede leerse actualmente en la cartografía del IGN y escuchar en boca de las personas mayores de Roquetas. Y no sólo naturales son sus valores, sino también arqueológicos, como demuestra la situación cercana del yacimiento de arqueológico de Turaniana y de las ruinas sumergidas del puertezuelo romano de Los Bajos.

Entrando en materia urbanística cabe comparar qué impacto ha tenido la declaración de estos suelos como de Dominio Público Marítimo Terrestre y con ello su clasificación como Suelo No Urbanizable de Especial Protección. Comparando las fichas urbanísticas del Sector Z-SAL-01 del año 2008 (sin deslinde) con el del 2009 (ya con el deslinde reflejado) nos encontramos con que la edificabilidad prevista para el sector se reduce en casi 563.000 metros cuadrados, siendo esta merma la que motiva los furibundos ataques de Gabriel Amat sobre este deslinde.

Visto que sus ataques a los valores medioambientales de la zona eran rebatidos uno por uno, el líder popular ha variado su estrategia apuntando hacia la resolución de otro problema candente: los costes de urbanización del Sector Z-SAL-01. Amat esgrime que con la anulación del deslinde el coste por metro cuadrado de urbanización sería menor, ya que se repartiría entre más superficie y más propietarios, reduciendo las cargas a soportar por estos. Esta afirmación se desmonta fácilmente partiendo de que la edificabilidad es una variable estrechamente ligada a la superficie de suelo disponible y sobre todo, de la capacidad de destinar zonas libres. A más superficie, más edificabilidad, pero también más costes de urbanización.

En definitiva lo que se quiere hacer es destinar la zona del deslinde como un gran espacio concentrado de zonas libres de espacios verdes y equipamientos primarios para aumentar la edificabilidad en las zonas adyacentes. No hablamos entonces de un ahorro real en los costes, sino de un aumento en la edificabilidad que en la cuenta final, de llegar a construirse y venderse los casi dos millones de metros cuadrados previstos, darían algo más de beneficio a los propietarios de suelo.

Como vemos, la factura de los costes de urbanización no se reducirá y se seguirá especulando con una nueva e hipotética burbuja inmobiliaria que permita cubrir esas pérdidas. Estamos pues ante una perversión clara del espíritu de la ley. El modelo de ciudad no se debe plantear buscando zonas verdes que soporten edificabilidades desmesuradas, sino justamente al revés: Estableciendo edificabilidades racionales y desarrollos lógicos que deberán incluir zonas libres de uso público. Hacer lo contrario es buscarle una coartada a la edificabilidad y hacerlo además a base de buscar las zonas verdes donde menos se debería, en un espacio protegido.

Pero Gabriel Amat ha deslizado algunas claves más a la vista de lo endeble de su planteamiento: explica que estas zonas destinadas a espacios verdes y equipamientos primarios (entre los que están el campo de golf) podrían entregarse a empresas privadas para que se hagan cargo de su construcción, a cambio de su explotación. Es decir, para reducir escasamente los costes de urbanización, se procederá a privatizar suelo público sin más.

Rematando así la posibilidad de que Roquetas de Mar amplíe su oferta de espacios públicos de libre acceso, ajardinados y gratuitos de los que carece. Ante esta situación, donde los intereses urbanísticos de unos pocos quieren primar sobre el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de la naturaleza, es menester defender la importancia de los Deslindes de Costas, que en el caso de Roquetas no sólo protegen esta zona de Las Salinas sino la totalidad del Paraje de Punta Entinas-Sabinar.

La llegada de un Gobierno Central a la Moncloa que avale la supresión de estas líneas de Deslinde será la sentencia de defunción del Patrimonio Natural de nuestro castigado municipio. Estamos a tiempo de evitarlo.

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