jueves, 6 de diciembre de 2012

Solares abandonados: una oportunidad para la ciudad

La transformación de los solares urbanos en equipamientos públicos, luego de una década febril de especulación inmobiliaria, comienza a vislumbrarse como una solución muy interesante al abandono que presentan y que generan no pocos problemas de salubridad y estética en nuestras ciudades.

Rioja, pequeño pero dinámico municipio en el Bajo Andarax, ha tomado la iniciativa con la puesta en marcha de huertos urbanos en solares de la periferia del casco urbano. Estos huertos no solo proveen de alimentos frescos a los vecinos que los cultivan, sino que brindan un nuevo ámbito de socialización y aprendizaje a la vez que ponen en actividad un patrimonio hasta ahora inactivo.

Almería capital también se ha sumado a esta propuesta, también por iniciativa de los concejales de Izquierda Unida. Si Barcelona y Rivas Vaciamadrid lleva años con esta tendencia, es quizás el caso de Zaragoza con el programa “Esto no es un solar” el que más premios internacionales ha cosechado. Este programa ha transformado temporalmente parcelas vacías y llenas de escombros del centro de la capital aragonesa, en pequeñas plazas multiusos, con pistas de juego, deportivas y zonas verdes que han supuesto un antes y un después en cuanto a rehabilitación urbana a muy bajo coste.

 En este sentido hace ya más de un año, desde el grupo municipal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Roquetas de Mar, presentamos una propuesta al equipo de gobierno para elaborar un inventario de solares abandonados en el municipio. Nuestro objetivo era elaborar un “mapa” de los potenciales espacios a transformar de modo de dotar a las zonas urbanas de Roquetas de aquellos equipamientos públicos de cercanía que actualmente carece.

Esta propuesta ha encontrado un símil que ya se está aplicando en Nueva York bajo el nombre de “569acres.org”, impulsado por un grupo de voluntarios donde buscan brindar información actualizada sobre los solares disponibles y mediar así entre la comunidad, propietarios y administración publica para lograr la transformación de estos espacios.

Roquetas de Mar, como muchas ciudades que vieron alterada su trama urbana por un caótico desarrollo urbanístico, tiene en el gran número de solares abandonados tanto en nuevas urbanizaciones como dentro del casco urbano no solo un problema de salubridad y estética, sino una gran oportunidad de revitalizar la vida social a bajo coste. Las políticas de grandes inversiones en pabellones, teatros auditorios y parques periurbanos vallados han pasado a mejores tiempos y en muchos casos se han demostrado como la antesala de una privatización encubierta. Los vecinos requieren equipamientos públicos de proximidad, sin que haya que coger el coche, y flexibles para adaptarse a múltiples usos y demandas.

Pequeñas pistas de baloncesto, arbolado de sombra con mesas para juegos de mesas, pistas de petanca, zonas de juegos, skateparks, huertos urbanos, cines al aire libre, frontones para el juego de pala, etc. son muchas de las opciones que pueden albergar estos solares. Estos espacios requieren muy poca inversión para su puesta en marcha, así como para su mantenimiento. Por el contrario si requieren una clara voluntad política de llevarlos adelante, de negociación con los propietarios de los solares para su cesión gratuita a cambio, por ejemplo, de eximirles el pago del IBI y del mantenimiento de los mismos, y sobre todo: de trabajo con los vecinos para que se impliquen en el cuidado, buen uso y mantenimiento de estas instalaciones.

Roquetas, con la negativa del Partido Popular a la propuesta presentada por Izquierda Unida, pierde vertiginosamente el tren del cambio que se está operando en el urbanismo mundial. Un urbanismo que ha aprendido que no todo pasa por las grandes edificios sino en aprovechar lo existente y en movilizar el gran patrimonio social que son los propios vecinos.

Los solares urbanos de Roquetas seguirán siendo potenciales vertederos de residuos sino se busca un uso alternativo para ello: ideas, ejemplos y herramientas hay. Lo que falta es un equipo de gobierno con ideas distintas y que vea a la ciudad no como negocio inmobiliario sino como espacio de convivencia y desarrollo comunitario.

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