miércoles, 18 de diciembre de 2013

Ni “in” ni “e”: Migrante


Con motivo del Día Internacional del Migrante que se celebra hoy, 18 de diciembre, como migrante que soy, me gustaría dedicar este artículo a los millones de personas que como yo un día tuvimos que dejar nuestra tierra de origen.
Soy nieto de un campesino bielorruso que escapando de los horrores de una guerra allá por el 1914 llegó a una colonia de Eslavos que florecía, con duro trabajo, en el norte de la Argentina. Soy hijo además de una soriana, que partió a reunirse con su padre, mi abuelo materno, a esa misma tierra a la que había emigrado para montar un negocio y así garantizar un futuro a sus hijas, ya en Buenos Aires.
Soy migrante, que ya hace una década, emprendió el camino inverso que mis abuelos y mi madre, con las mismas esperanzas e ilusiones que ellos. Y con los mismos miedos. Y compartiendo, por fortuna, la misma valoración de la tierra de acogida: una alegría inmensa, más allá de las adversidades y del duro esfuerzo, por cómo nos recibía nuestro nuevo hogar.
Y quizás mis hijos, roqueteros de nacimiento, algún día deban emprender también el camino como ya lo han hecho los hijos de amigos y vecinos de nuestro pueblo. Nuestro pueblo, Roquetas y Almería toda, no olvidarlo, formada por una población migrante en todas las variables de esta palabra.
Vienen estas reflexiones a que quizás sea hora de ver a las migraciones como lo que han sido siempre en la historia de la humanidad: algo usual y sobre lo que es fútil oponer resistencia alguna. Tanto para los gobiernos y clases dominantes, que se empeñan en levantar vallas cada vez más mortales, como para los mismos migrantes, suavizando y relativizando, en todo lo posible, ese dolor y miedo al partir.
Soy ejemplo de una rama familiar en continua migración, con lo cual la clasificación de inmigrante o emigrante se confunde y está bien que sea así. Nuestra patria comienza a ser el mundo entero, como millones de sudamericanos, africanos, asiáticos que hoy se mueven, a costa muchas veces de su propia vida, por el globo buscando simplemente un trabajo.
En toda la polémica y campañas contra el migrante se esconde el rechazo al pobre, al trabajador, es decir, una lucha de clases. En un mundo donde el dinero ya circula y salta fronteras sin obstáculo alguno es normal que desde la clase trabajadora hagamos lo mismo. Y debería ser un derecho, con todas las garantías de seguridad, y no una dádiva que hay que mendigar.
En este día brindo porque entre toda la clase trabajadora nos reconozcamos como migrantes, pasados, presentes y muy probablemente futuros, para evitar así entrar en el juego que algunos abonan con la idiota xenofobia o desde el reparto de unos puestos de trabajo que ellos mismos, desde el capitalismo más feroz, se empeñan en destruir y pauperizar.

domingo, 13 de octubre de 2013

Es hora de invertir en los parques de las barriadas


“Exijamos una mayor igualdad en la inversión del dinero de nuestros impuestos, del que pagamos no sin gran esfuerzo los trabajadores, para que el mismo se invierta con criterios de igualdad territorial dentro de nuestro municipio. Necesitamos equipamientos públicos de cercanía.”

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sobre el Día sin coche en Roquetas


Lo que ha sido un éxito de participación de ciclistas se ha visto empañado por una mala organización del equipo de gobierno. Los peatones han sido desalojados, los coches apenas molestados y el tráfico de bicis siempre tutelado.

Antes que nada dejar claro que la de hoy ha sido una de las marchas ciclistas más multitudinarias en Roquetas. Y es una alegría que así sea ya que revela la gran afición ciclista que existe en nuestro municipio, en gran parte producto de una labor de concienciación de años atrás de colectivos deportivos, ciclistas y ecologistas. Hacen falta más días sin coche en Roquetas, y si me apuran: al menos uno al mes.
Esta  marcha del día de hoy, sin embargo, ha estado empañada por la deficiente planificación y nula organización desarrollada por el equipo de gobierno del PP. Cabe reseñar la inmensa labor que han desarrollado los agentes de la Policía Local y Protección Civil intentando atender el elevado volumen de la masa ciclista, evidentemente desbordados al no haber sido correctamente planificados por los responsables políticos.
Sospecho que detrás de estos fallos se encuentra una masiva convocatoria llevada a cabo por el área de Gestión de la Ciudad en todos los centros educativos; buscando solo un número elevado de participantes que vender a la prensa, sin acompañar tal cosa con la disposición de medios necesarios para garantizar su buen desarrollo. Tampoco está de más preguntarse porque nadie del equipo de gobierno ha sacado su bici del trastero y se ha sumado a la marcha: quizás habrían sabido rectificar a tiempo y evitar algunos momentos complicados.
Los comentarios durante la marcha, en la que participé como un vecino más, en mi bici de paseo junto a mi hijo mayor, no podían ser más desalentadores. Paradas constantes de larga duración, algunas de más de diez minutos, conflictos con los peatones y no pocos choques entre ciclistas debido al apelotonamiento, que creo que han desalentado a más de uno cuando el efecto de estas marchas debería ser el contrario.
En primer lugar ha llamado la atención que al circular por calles estrechas no se haya tenido la previsión, como se hace con todas las procesiones religiosas, de evitar el aparcamiento de vehículos. Esto revela el primer fallo en la planificación.
Después: elegir el paseo marítimo como vía para una masa de este volumen de ciclistas ha sido un error: el carril bici existente no tiene capacidad para un caudal como este de bicicletas y por ende hubo que ocupar la zona reservada a los peatones produciendo los primeros conflictos con las personas que paseaban a esas horas. Algo completamente contradictorio con los objetivos de esta jornada como es que las bicis y los peatones ganen espacios a los coches, y no que estos dos entren en conflicto.
La elección correcta, tanto por seguridad como por coherencia con el objetivo del día sin coches habría sido utilizar la Av. Del Perú. Esto habría aportado  no solo mayor fluidez y comodidad a la marcha, sino que habría transformado, al menos por unas horas, una vía famosa por su alta velocidad de tráfico y peligrosidad, en una vía dedicada al completo a la bici y los peatones.
Pero si en el segundo tramo, ya si circulando por todo el ancho de Av. Reino de España, estas carencias deberían haber quedado atrás la realidad es que el tratamiento de la bici como un tráfico de segunda persiste. Una vez más la falta de planificación, que habría pasado por cerrar todas las vías transversales y rotondas previamente al tráfico a motor, ha propiciado nuevamente parones en la marcha. Lo que sumado al constante sonar de las sirenas de las patrullas policiales daban la sensación de ir “molestando” y haciendo algo peligroso, cuando repito, el objetivo de esta jornada era completamente el contrario: dar normalidad al circular en bici por las calles.
Para finalizar solo un apunte: al culminar esta marcha habría sido todo un detalle por parte de los catorce concejales liberado del PP el haber dispuesto con suficiente antelación unas mesas con simples botellines de agua fresca y fruta, para que los ciclistas, sobre todo niños, y en un día de bastante calor, pudieran haberse rehidratado de forma correcta y sana. Solo dos mesas con refrescos azucarados, montados a toda prisa frente a la mirada de solo un par de concejales de gobierno, ante una multitud agotada y sedienta, ha deslucido una jornada que debería haber celebrado los hábitos saludables y otro tipo de movilidad. Una movilidad que no va pidiéndole permiso al coche ni acorralando a los peatones.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Movilidad peatonal y pequeño comercio


Es necesario recuperar los espacios y los equipamientos públicos de calidad, de cercanía y accesibles como elementos dinamizadores del tráfico peatonal, verdadera razón de ser del pequeño comercio en todo el tejido urbano.

A la luz de las últimas noticias sobre los conflictos con la venta ambulante en Roquetas, intentaré dar una explicación a la progresiva desaparición del pequeño comercio en nuestras ciudades y su relación con la movilidad peatonal.
Debemos buscar las causas en unas determinadas políticas municipales que en las últimas dos décadas han apostado por cerrar todo equipamiento público de cercanía desplazándolo a las afueras de la ciudad o parcelas poco accesibles a pie (ver el caso de la piscina y el centro deportivo, del estadio y pistas de tenis o el mismo mercado de abastos) a la par que abría las puertas a recalificaciones de enormes bolsas de suelo para grandes superficies comerciales.
Esta combinación ha llevado a municipios como Roquetas a un estrecho callejón con difícil salida. La ciudad tradicional, con sus avenidas, como en el caso de La Urbanización, han perdido todo atractivo bien por el cierre de equipamientos públicos, bien, sobre todo, por la falta de inversiones en nuevos. En esta situación los únicos ejes peatonales que han mantenido un elevado tránsito peatonal, por su innegable interés, gratuidad y nivel de inversiones han sido los paseos marítimos.
Así que nada es casual: es normal que el comercio busque las únicas zonas que aún conservan su razón de ser, el peatón. Vemos cómo se desata una innecesaria y feroz competencia por un espacio público escaso como es el paralelo a los paseos marítimos entre los vendedores ambulantes (aquellos que pueden adaptarse rápidamente a esta situación) mientras que el pequeño comercio languidece sin que nadie pase por su puerta.
Desde tiempos inmemoriales el comercio se ha establecido en los márgenes de las rutas más transitadas, fundamentalmente en los sitios de parada obligada como eran las postas de descanso, los vados de ríos y puertos de navegación. Al calor del tráfico de rutas de peregrinación, por citar el ejemplo europeo medieval, surgieron las ciudades modernas (cités, burgos) ofreciendo espacios de mercado a peregrinos que se desplazaban hacia aquellos grandes centros de atracción que eran las catedrales y las reliquias de santos.
Este somero ejemplo lo traigo a colación para recalcar que es tradicionalmente el comercio quien busca los lugares de mayor tránsito para asentarse y ofrecer sus mercancías. Un comercio sin tránsito de personas por delante de su puerta, tenderete o escaparate, poco sentido y futuro tiene.
Para que exista ese tránsito es necesario que existan elementos urbanos que no sólo atraigan a la población y al visitante, sino que la forma deseable para su acceso sea a pie. En este sentido, los equipamientos públicos de calidad, como espacios multiusos, pequeñas salas de teatro y espectáculos, pistas deportivas, parques y bibliotecas están llamados a jugar un papel fundamental. Pero eso sí: siempre que su proximidad y la calidad de las vías para acceder a él (seguras, cómodas, con sombra y una adecuada estética) las hagan más atractivas para el peatón que para el coche.
Como conclusión decir que lo que hoy vemos como un problema: el comercio ambulante, irregular, descontrolado, no es tal, sino la manifestación de unos graves problemas urbanos, fruto de unas erróneas políticas. Políticas que marginaron todo lo que sea público, todo lo que sea próximo y accesible al peatón, a cambio de obras faraónicas alejadas de todo núcleo de población y hotelero, y destinando eso sí inversiones en materia peatonal al frente litoral sin complementarlo con vías transversales, que indujeron al peatón a introducirse en la ciudad y así dar más oportunidades al desarrollo del pequeño comercio.

Estamos a tiempo de revertir esta situación, pero para ello hace falta ir al problema de raíz: tenemos que cambiar de una vez por todas el modelo de ciudad. Un modelo donde el peatón, el trabajador y lo público sean los protagonistas, en vez del coche, la especulación y lo privado que hacen de la ciudad solo islas de consumo para unos pocos. Roquetas, como muchas ciudades desangeladas por la especulación, debe volver a ser una ciudad atractiva para pasear: Barrio a barrio.

miércoles, 17 de abril de 2013

Superávit: cómo y para qué


Cierre una unidad de internos de una residencia asistida de personas mayores y reasigne a persona afectadas por Alzheimer junto al resto de internos, sin aumentar el número de trabajadores y aumentando su carga de trabajo.
Negocie a la baja todos los contratos de servicio y obras sin tener en cuenta cuánto afecta a la calidad y a las condiciones laborales de los trabajadores de dichas contratas.
Paralice el servicio de ayuda a domicilio, correspondiente al plan concertado, ralentizando la lista de espera de los beneficiarios, muchos de ellos en pueblos del interior de la provincia.
Aproveche la eliminación de una paga extra de los funcionarios, impuesta por el Gobierno Central de su mismo partido, para rebajar brutalmente el gasto en el capítulo de personal, uno de los más importantes en cuanto a relevancia en los distintos presupuestos.
Aumente la presión fiscal sobre los Ayuntamientos, actualizando tasas drásticamente, sin dar opción de escalonar en varias anualidades esas subidas, para reducir el impacto en las arcas de estas entidades locales.
Reduzca drásticamente las partidas destinadas a Servicios Sociales Comunitarios, Igualdad, Inmigración y Medioambiente, entre muchas otras. En definitiva: haga recortes en servicios esenciales y deje intactos o aumente aquellos que se pueden “inaugurar”
Haga todo esto, que no es más que dejar de gastar el dinero que pagan todos los ciudadanos para que se presten servicios públicos de calidad y mucho más, y verá como las cuentas arrojan un balance positivo. Cómo aparece el ansiado superávit para anunciarlo a los cuatros vientos.
¿Y todo esto para qué?
Para ofrecer por un lado una, supuesta, imagen de buen gestor sin percatarse de que con ello están pervirtiendo el objetivo de las administraciones públicas, que no es económico como en una empresa privada.
Para deteriorar si cabe aún más la prestación de determinados servicios públicos, como los servicios sociales, de cara a una cada vez más cercana privatización de los mismos. Este deterioro, por ejemplo, haría más fácil de cara a la opinión pública el traslado y reconversión de una residencia asistida puntera a un bloque de estancia en pleno centro de la ciudad, previa jugosa recalificación de todos los terrenos afectados.
Para destinar, ahora sí, este gran ahorro en lo que verdaderamente les importa: salvar a las entidades financieras, poniendo el pago de las deudas contraídas con bancos en primerísimo lugar, en vez de fortalecer servicios públicos que están garantizando derechos humanos básicos en nuestra provincia.
En definitiva, en este mundo de titulares y frases cuidadosamente estudiadas por asesores de imagen, es necesario desmontar los mensajes que nos cuela el poder. Un poder que a nivel provincial, de la mano de presidentes que son a la vez alcaldes, corredores de fincas y empresarios, están vaciando de sentido nuestras instituciones democráticas. Le llaman gestión y es negocio.

domingo, 13 de enero de 2013

Guerra

"El puñado pequeño y ruidoso, como siempre, gritará solicitando la guerra. Con cuidado y cautelosamente, el público se opondrá al principio; y la enorme masa obtusa de la nación se frotará los ojos somnolientos y tratará de entender por qué debe haber una guerra, y dirá con sinceridad e indignación: «Es injusta y deshonrosa y no hay necesidad de ella». Luego, el puñado gritará con más fuerza. Unos pocos hombres justos del lado opuesto discutirán y razonarán en contra de la guerra, con la palabra y con la pluma, y al principio tendrán audiencia y los aplaudirán; pero no durará mucho; los otros gritarán más que ellos, y al rato, los públicos antibélicos se harán menos densos y perderán popularidad. Dentro de poco, se verá algo curioso: los conferenciantes serán apedreados y arrojados de la plataforma, y la libertad de expresión será estrangulada por hordas de hombres enfurecidos, quienes en su corazón aún están de acuerdo, como antes, con esos conferenciantes apedreados, pero ya no se atreven a decirlo. Y entonces la nación entera, el púlpito y todos, harán suyo el grito de guerra y vociferarán hasta quedarse roncos, y atacarán a cualquier hombre honrado que ose abrir la boca; y al rato, esas bocas dejarán de abrirse. Entonces los hombres de Estado inventarán mentiras baratas, echándole la culpa a la nación atacada, y cada hombre se sentirá contento con tales falsedades que le calman la conciencia y las estudiará industriosamente y se negará a examinar nada que las contradiga; y al poco rato se convencerá de que la guerra es justa y dará gracias por el sueño de que goza, después de ese grotesco procedimiento de autoengaño."

El forastero misterioso Mark Twain