domingo, 13 de enero de 2013

Guerra

"El puñado pequeño y ruidoso, como siempre, gritará solicitando la guerra. Con cuidado y cautelosamente, el público se opondrá al principio; y la enorme masa obtusa de la nación se frotará los ojos somnolientos y tratará de entender por qué debe haber una guerra, y dirá con sinceridad e indignación: «Es injusta y deshonrosa y no hay necesidad de ella». Luego, el puñado gritará con más fuerza. Unos pocos hombres justos del lado opuesto discutirán y razonarán en contra de la guerra, con la palabra y con la pluma, y al principio tendrán audiencia y los aplaudirán; pero no durará mucho; los otros gritarán más que ellos, y al rato, los públicos antibélicos se harán menos densos y perderán popularidad. Dentro de poco, se verá algo curioso: los conferenciantes serán apedreados y arrojados de la plataforma, y la libertad de expresión será estrangulada por hordas de hombres enfurecidos, quienes en su corazón aún están de acuerdo, como antes, con esos conferenciantes apedreados, pero ya no se atreven a decirlo. Y entonces la nación entera, el púlpito y todos, harán suyo el grito de guerra y vociferarán hasta quedarse roncos, y atacarán a cualquier hombre honrado que ose abrir la boca; y al rato, esas bocas dejarán de abrirse. Entonces los hombres de Estado inventarán mentiras baratas, echándole la culpa a la nación atacada, y cada hombre se sentirá contento con tales falsedades que le calman la conciencia y las estudiará industriosamente y se negará a examinar nada que las contradiga; y al poco rato se convencerá de que la guerra es justa y dará gracias por el sueño de que goza, después de ese grotesco procedimiento de autoengaño."

El forastero misterioso Mark Twain

No hay comentarios:

Publicar un comentario