miércoles, 17 de abril de 2013

Superávit: cómo y para qué


Cierre una unidad de internos de una residencia asistida de personas mayores y reasigne a persona afectadas por Alzheimer junto al resto de internos, sin aumentar el número de trabajadores y aumentando su carga de trabajo.
Negocie a la baja todos los contratos de servicio y obras sin tener en cuenta cuánto afecta a la calidad y a las condiciones laborales de los trabajadores de dichas contratas.
Paralice el servicio de ayuda a domicilio, correspondiente al plan concertado, ralentizando la lista de espera de los beneficiarios, muchos de ellos en pueblos del interior de la provincia.
Aproveche la eliminación de una paga extra de los funcionarios, impuesta por el Gobierno Central de su mismo partido, para rebajar brutalmente el gasto en el capítulo de personal, uno de los más importantes en cuanto a relevancia en los distintos presupuestos.
Aumente la presión fiscal sobre los Ayuntamientos, actualizando tasas drásticamente, sin dar opción de escalonar en varias anualidades esas subidas, para reducir el impacto en las arcas de estas entidades locales.
Reduzca drásticamente las partidas destinadas a Servicios Sociales Comunitarios, Igualdad, Inmigración y Medioambiente, entre muchas otras. En definitiva: haga recortes en servicios esenciales y deje intactos o aumente aquellos que se pueden “inaugurar”
Haga todo esto, que no es más que dejar de gastar el dinero que pagan todos los ciudadanos para que se presten servicios públicos de calidad y mucho más, y verá como las cuentas arrojan un balance positivo. Cómo aparece el ansiado superávit para anunciarlo a los cuatros vientos.
¿Y todo esto para qué?
Para ofrecer por un lado una, supuesta, imagen de buen gestor sin percatarse de que con ello están pervirtiendo el objetivo de las administraciones públicas, que no es económico como en una empresa privada.
Para deteriorar si cabe aún más la prestación de determinados servicios públicos, como los servicios sociales, de cara a una cada vez más cercana privatización de los mismos. Este deterioro, por ejemplo, haría más fácil de cara a la opinión pública el traslado y reconversión de una residencia asistida puntera a un bloque de estancia en pleno centro de la ciudad, previa jugosa recalificación de todos los terrenos afectados.
Para destinar, ahora sí, este gran ahorro en lo que verdaderamente les importa: salvar a las entidades financieras, poniendo el pago de las deudas contraídas con bancos en primerísimo lugar, en vez de fortalecer servicios públicos que están garantizando derechos humanos básicos en nuestra provincia.
En definitiva, en este mundo de titulares y frases cuidadosamente estudiadas por asesores de imagen, es necesario desmontar los mensajes que nos cuela el poder. Un poder que a nivel provincial, de la mano de presidentes que son a la vez alcaldes, corredores de fincas y empresarios, están vaciando de sentido nuestras instituciones democráticas. Le llaman gestión y es negocio.

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